La continuidad es la tónica de la carrera de Death Cab For Cutie. Pop preciosista, con guitarras cuidadas y voz, mucha voz. La de Ben Gibbard, con una textura muy especial y dulce que transmite sus letras de amor y desamor conectando inmediatamente con los oyentes más sensibles.
Y Narrow Stairs vuelve a utilizar la misma fórmula. Las once nuevas canciones no ofrecen grandes variaciones respecto a los seis discos predecesores. El único atisbo de experimentación lo aporte el single de presentación, I Will Possess Your Heart, con una introducción de cuatro pretenciosos minutos y otros cuatro en que se suma Gibbard a una melodía que construye una batería que parece de Radiohead. En conjunto forman un disco compacto, que no desmerece en absoluto la gran trayectoria de la banda, pero que puede resultar decepcionante para el que esperara que el grupo fuera a dar un paso adelante en su sonido. Quizá su momento cumbre fue entre The Photo Albulm (2001) y Transatlanticism (2003) y el momento de probar nuevas cosas pasar entonces, pero son capaces de seguir produciendo grandes canciones.
Death Cab For Cutie no hacen sino confirmarse como uno de los referentes absolutos del indie americano. Gibbard y Walla son idolatrados por muchos adolescentes y post-adolescentes gracias a sus apariciones continuas en bandas sonoras de éxitos pretendidamente alternativos, unos más dudosos que otros, como O.C., Garden State o Six Feet Under. La portada de Transatlanticism es un icono para la generación del fotolog en su vertiente más melancólica. Pero su música tiene un espacio entre los grandes del género por derecho propio. The Postal Service y su Such Great Heights impulsó a Gibbard y puso a Death Cab en órbita. Por suerte muchos siguen valorándolos como lo que son y representaban cuando eran minoritarios: un grupo de gran calidad, que ha encontrado su fórmula y que es la perfecta compañía en los días de lluvia.