
Anoche las calles de Valladolid estaban totalmente desiertas. Muchos estaban en casa viendo como un héroe se mofaba de Eurovisión como tal esperpento se merece, sin, por supuesto, alcanzar la grandiosidad de Alf Poier. Pero la razón fundamental era el tercer Valladolid Latino, que reunió en el Nuevo José Zorrilla a casi 30.000 personas.
La cancelación del año pasado por la lluvia no ha impedido que se organizara una nueva edición plagada de famosos del mundo de la radiofórmula. Desde luego no les considero música libertina, son su némesis, pero habrá que ceder con que son música. Y como tal, personalmente me parece muy positivo que se celebren en la capital castellana eventos de tal magnitud. Hace años se pasó por aquí Michael Jackson, lo que sólo podría compararse con el fallido concierto de lo que queda de The Rolling Stones. No ha vuelto una gran estrella, siempre hablando al margen de la calidad, que despierte tanta expectación. Por eso está bien que Valladolid se esfuerce por traer la mayor música posible. Crear una conciencia de que aquí puede venir cualquier personaje del mundo de la música es un primer paso para acabar con la pasividad habitual. Quizá poco a poco otros estilos comiencen a situarnos en el mapa de sus giras.
De hecho parece que así es. Desde dentro lleva tiempo haciéndose esfuerzos, como demuestra Valladolindie, a pesar de la vacuidad de este año. Se suma esta semana Véral, que se saca de la manga un cartel para nada desdeñable. Son pasos en la buena dirección, que una ciudad que quiera seguir adelante debe mantener y cada vez de forma más decidida. De este modo, puede que algún día grandes figuras del panorama internacional libertino se den cuenta de que existimos. Ya sería hora. Otra historia es que supiéramos responder.