Uno de mis primeros recuerdos musicales es Buddy Holly. El single que catapultó a Weezer al estrellato mundial, con gran ayuda del genial video de Spike Jonze, pertenece a un disco de culto en la música alternativa. Era el año 1994 y la escena impulsada por Nirvana moría junto a Kurt. Rivers Cuomo, gran fan, tomó la vertiente más optimista de sus influencias y entregó a Geffen una colección de power pop llamada como su banda. Weezer o The Blue Album es un canto a la adolescencia perdida que sin unas letras especialmente sutiles ganan aún hoy por su sinceridad, con unas melodías y unos estribillos que se graban desde la primera escucha.
Desde entonces Weezer no ha sido un grupo especialmente productivo. Para grabar Pinkerton (1996), considerado por muchos lo mejor de su carrera, desecharon un disco completo (Songs From The Black Hole) y hasta 2001 nada se volvió a saber de ellos. Weezer (The Green Album) fue el retorno del grupo nerd por excelencia con otro pelotazo, Island In The Sun. Al año siguiente, Maladroit. Otros tres años para Make Believe. Y en 2008 notición: Weezer volvían con un nuevo homónimo.
Vale, nada volverá a ser como el azul. Pero el verde estaba bien. Y uno rojo tampoco pinta mal, que se reservan los colores para los que consideran sus mejores momentos. Pork and Beans, el primer single, así lo indicaba: una nueva vuelta a la forma de Cuomo, con otro video genial. Sin embargo, de repente parece que su adolescencia perdida ha vuelto. De forma impostada, Weezer hacen canciones de quinceañeros y por momentos se entiende el color elegido: hacen sonrojar. Es cierto que muchas letras de Cuomo han rozado en ocasiones la vergüenza ajena, pero nunca había estado tan cerca. Y hay melodías y ciertos guitarrazos que simplemente no se pueden grabar cuando se ha superado una edad.
Con todo, no es una debacle. Se queda en mediocre. Porque como el gran grupo que aún son, en The Red Album firman absolutos temazos que compensan los momentos más bajos. Como ejemplos, Pork and Beans es una declaración de intenciones en toda regla, Heart Songs es la nueva In The Garage y The Angel and the One es la mezcla perfecta entre Weezer y Death Cab For Cutie y es el mejor momento del disco (casualmente es su final).
Pero acercarse a otros grupos no les sienta siempre bien, e inspirarse en el Jesus Of Suburbia de Green Day nunca podía funcionar. Tampoco termina de encajar que Rivers Cuomo no sea el único compositor y cantante principal. Demasiados claroscuros para un Weezer: The – Album. Decepcionante.